Novak Djokovic afronta una de las etapas más delicadas de su carrera. El serbio, que a principios de año fue capaz de alcanzar la final del Open de Australia y que también llegó hasta las semifinales de Wimbledon, ha sufrido un importante bajón durante la gira norteamericana. La derrota en primera ronda del US Open ante Mariano Navone terminó de encender las alarmas y ha abierto de nuevo el debate sobre cuánto tiempo le queda al campeón serbio en el circuito.
A sus 39 años, Djokovic ha demostrado en distintos momentos de la temporada que todavía puede plantar cara a los mejores de la nueva generación. Sus actuaciones en Australia y Wimbledon fueron una prueba de ello. Sin embargo, los problemas físicos que ha mostrado en los últimos torneos, especialmente en condiciones de calor y humedad, han dejado una imagen muy diferente. Falto de energía desde las primeras fases de los partidos e incluso llegando a vomitar sobre la pista, el serbio ha evidenciado que el paso del tiempo empieza a tener un peso cada vez mayor.
Una situación que John McEnroe considera difícil de ignorar. El estadounidense, que conoce bien lo que significa competir al máximo nivel durante muchos años, cree que Djokovic puede estar acercándose al final, aunque también tiene claro que el serbio no parece dispuesto a marcharse mientras conserve la convicción de que todavía puede ganar un Grand Slam.
"Por un lado, uno piensa que la edad le está pasando factura, como le ocurre a todos los atletas en algún momento. Por otro lado, ha tenido una racha increíble. Venció a Jannik Sinner en Australia, llegó a la final y ganó el primer set contra Carlos Alcaraz y jugó bien. Luego llegó a las semifinales de Wimbledon, y obtuvo una gran victoria sobre Felix Auger-Aliassime en la ronda anterior", explicó McEnroe durante un evento de Eurosport y HBO.
El problema, a juicio de McEnroe, no parece estar tanto en el tenis de Djokovic como en su capacidad física para sostenerlo. "No sé qué le pasa, ya sabes, el calor y la humedad. Eso es algo que puede ser un problema para cualquiera. Este calor y humedad. No hacía un calor insoportable, así que no sé qué va a pasar después", apuntó.
Por eso, el estadounidense tampoco se atreve a anticipar cuál será el siguiente movimiento de Djokovic. "Estoy seguro de que sabes que está pensando mucho en lo que viene, pero al mismo tiempo, no creo que quiera terminar de esa manera, de la forma en que ya sabes lo que pasó. Sinceramente, no sé qué va a hacer. Que haga lo que le haga feliz", añadió.
2027, ¿ÚLTIMO BAILE?
La posibilidad de que 2027 sea la última temporada de Djokovic cada vez cobra más fuerza. McEnroe considera lógico pensar en ese escenario por una cuestión puramente biológica, aunque entiende perfectamente que el serbio quiera seguir intentándolo mientras crea que todavía tiene una oportunidad de conquistar otro Grand Slam.
"Bueno, sin duda uno pensaría que sí. Para empezar, tiene 39 años, cuando para la mayoría de la gente, incluida yo, ya ha pasado la fecha de caducidad del tenis. No quieres llegar a un punto en el que digas: '¿Por qué me detuve cuando tal vez podría haber ganado más?'. Eso es más o menos lo que enfrenta Novak. Llegaste a la final de Australia. Él piensa: 'Tal vez podría ganar una más'", concluyó.
La estrategia de Djokovic en los últimos tiempos pasa precisamente por dosificarse al máximo. El serbio ha reducido considerablemente su calendario para intentar llegar fresco a los grandes objetivos de la temporada. Una decisión con una doble lectura: menos desgaste y más descanso, pero también menos partidos y, por tanto, menos ritmo competitivo.
Ese déficit puede terminar siendo especialmente relevante a estas alturas de su carrera. Cuando los partidos se endurecen y las condiciones físicas se vuelven extremas, Djokovic ya no cuenta con el mismo margen que hace unos años. Pero también es cierto que esa misma conclusión parecía prematura en Australia o Wimbledon, donde volvió a desafiar las previsiones y a competir de tú a tú con los mejores.
Por eso, más allá de lo que pueda ocurrir en 2027, Djokovic se ha ganado el derecho a decidir cuándo y cómo quiere despedirse del tenis. Mientras siga creyendo que le queda una última gran victoria, será difícil convencerle de que ha llegado el momento de decir adiós.