¿Qué hacía usted por Torremolinos?
Pues porque estaba de vacaciones por Marbella y me enteré de que el Zaragoza jugaba en Torremolinos. El plan era ir con Santi Aragón pero al final no pudo venir por trabajo y fui yo solo.
¿Con quién vio el partido en el palco?
Le cuento. Mirando dónde estaba el estadio y por dónde tenía que ir vi que el entrenador del Juventud Torremolinos es César Arzo, al que tuve yo de jugador en el AEK Atenas, así que lo llamé y me puso en contacto con el director deportivo, que es otro exjugador: Raúl Albentosa y con él estuve sentado, pero compartí un buen rato con la gente del Zaragoza, entre los que estaban Lalo y el director general. Hace mucho tiempo que no veía al Zaragoza en directo y era una buena oportunidad también de presenciar un partido de una categoría que no había visto desde que era la antigua Segunda B.
Quién le iba a decir que iba a ver al Zaragoza jugar en Torremolinos un partido de Primera RFEF…
Es complicado de asumir, sí. Pero es lo que hay e incluso los mejores equipos del mundo requieren un periodo de adaptación a un nuevo medio. El problema es que el Zaragoza no tiene tiempo y esa adaptación tiene que ser express. La realidad es que se me cayó el alma a los pies, con todo el respeto del mundo al Torremolinos, pero es que, lamentablemente, esto era una posibilidad que se veía venir hace tiempo y ahora hay que apechugar.
¿A quién vio? ¿Con quién habló?
Me alegró mucho ver a Ander y al míster. Los noté muy enganchados e incluso entusiasmados y eso ayuda mucho al grupo. Y a Belsué, por supuesto, al que le expulsaron y todo. Menos mal que no lo vi antes del partido porque habría dicho que le echaron porque yo le contagié.
Raro eso de expulsar al delegado y más Belsué, que no se caracteriza por dar la nota, precisamente.
Yo iba aprendiendo las reglas durante el partido, incluido lo de las tarjetas del VAR, pero la realidad es que hubo tres o cuatro incidencias muy complicadas para los árbitros, como el gol anulado a ellos al principio o el que se validó después a pesar de que parecía fuera de juego en un momento clave del partido. Ese tanto afectó al equipo pero sobrevivió y eso es importante para aprender de esa experiencia y saber gestionarla.
Me decía que Ander e Ibai derrochan ilusión pese a todo…
Sí, cuando los escuchas hablar parece como si estuvieran jugando aquella Recopa. Están muy entusiasmados y comprometidos y esa energía se contagia.
¿Tiene previsto venir a Zaragoza?
Suelo hacerlo pero depende de varias cosas. Ya sabe que estamos conectados con el grupo de la Recopa pero tratamos de ser responsables con lo que hacemos o decimos para no molestar demasiado. De hecho, hace unos meses nos llamaron para preguntarnos acerca de lo que estaba pasando pero creímos que era mejor no hablar y dejarlo todo más tranquilo sin echar más leña al fuego.
¿Cómo vivió el descenso?
Como le digo, se veía venir. Me recordó mucho a cuando llegué al Sunderland, que tenía un solo punto tras siete jornadas y era colista. Nos salvamos y aquello se recuerda allá como un milagro, Pero al año siguiente llegó otro técnico y también lo salvó, se fue después y llegó otro que también lo salvó pero cuando descendió lo hizo dos categorías seguidas. Se estaba jugando con fuego y al final se quemaron, como les había advertido. Pues al Zaragoza le pasó algo similar y fue, precisamente, cuando ya no existía la excusa de que no hay dinero. Se fue por esa dinámica negativa instalada en un club en el que, en mi opinión, era preciso pegar un corte más drástico que continuos retoques en cuestiones técnicas porque la solución requería una intervención más profunda.
La nueva propiedad anda buscando presidente. ¿Se apunta?
Es un tema de momentos. Tuve la suerte de que me fue muy bien en Corea, donde gané la Liga y la Copa y eso te otorga esa sensación de que puedes hacerlo bien. Y me gustaría tener alguna oportunidad más, pero también le digo que ahora me he vuelto muy selectivo y, por mi situación personal, no voy a cualquier lado. Me llaman de muchos sitios, pero espero algo que me llene. Ahora, con el parón por las selecciones, hay quien entra en pánico y cambian de entrenador, por lo que es posible que surja alguna oportunidad.
«Llamar a Víctor era lo fácil para que él diera la cara y se la partieran. No tenemos por qué asumir eso»
Ha dicho en alguna ocasión que pudo venir a entrenar al Zaragoza en dos ocasiones, una cuando estaba trabajando en Burdeos y otra en la que no creyó que se dieran las circunstancias adecuadas. ¿Se ha arrepentido en algún momento de haber declinado aquella propuesta?
Yo recurro mucho al sentido común. Sé lo que el grupo de la Recopa representamos y lo que la gente espera de nosotros. Ellos quieren que aportes, pero se trata de saber lo que se puede hacer y lo que no. Yo no quiero ser el salvador de nadie, sino simplemente ganar, y creo que entonces no se daban las circunstancias. Es similar a cuando llamaban a Víctor Fernández porque era la opción fácil para el club para que fuera él quien diera la cara y se la partieran. Y nosotros no tenemos por qué asumir eso. No se puede subir solo con el nombre o el escudo sino que hay que disponer de un presupuesto razonable y el problema era que en el Zaragoza había que ascender con un presupuesto muy bajo y eso no pasa casi nunca en ningún sitio. Suelen ganar los que más dinero tienen y creo que fue eso lo que disparó los problemas de fondo del club, que siguió en esa vorágine.
¿Qué le gustó del Zaragoza en Torremolinos?
El equipo me gustó en general. Empezó bien, con una idea futbolística en la que se nota que la gente se siente cómoda alrededor de Ander. Los dos goles seguidos dieron confianza al equipo pero hubo demasiados problemas físicos en los dos conjuntos. No es normal que se retiren los dos centrales antes de tiempo y tampoco que un jugador rival se vaya a los 20 minutos. Pero se ganó, que es lo importante. Y en el Zaragoza hay mucha presión y la camiseta pesa, aunque los jugadores se irán soltando conforme vayan ganando.
¿Qué le dijo la afición?
Muchos se sorprendieron de verme y me reconocieron. La verdad es que solo me conocían los viejos, que les decían a los más jóvenes quién era. Estuvo muy bien, me dieron mucho cariño. Menos mal que el campo era pequeño porque, si no, todavía estoy allí.
¿Y en ese grupo de WhatsApp de la Recopa?
Nada más acabar un partido le escribimos todos a Belsúe. Durante mucho tiempo le mandábamos mucho ánimo pero ahora lo hemos cambiado por el típico ‘fuerza’, ‘vamos’ o ‘arriba’ aunque el domingo le prendí fuego por la expulsión, eso sí.