La selección española es la nueva campeona del mundo tras derrotar con merecimiento a Argentina gracias al solitario tanto de Ferran Torres en la prórroga.
Entre los nombres propios del torneo destaca Pau Cubarsí, que con solo 19 años ha firmado un campeonato impecable: sin errores, con una serenidad impropia de su edad y convertido en uno de los pilares defensivos del equipo. Su rendimiento, celebrado en el Barça y ahora admirado globalmente, tiene un origen que él mismo reivindica siempre: su familia.
El núcleo que sostiene al futbolista
Cubarsí vive acompañado de sus padres, Robert y Gloria, y de su hermana Irene, un entorno que ha marcado su carácter y su manera de entender el fútbol. En cada viaje, en cada partido, en cada momento decisivo, ellos están presentes. El jugador lo resume con una frase que repite a menudo: "Les debo todo. Son quienes me mantienen con los pies en el suelo".
En una conversación reciente, Robert lo expresó con orgullo: "Espero que consiga todos sus objetivos y que podamos vivirlo toda la familia". Gloria, siempre pendiente de que no pierda la humildad, es quien le recuerda los valores que deben acompañarlo. Irene, con quien ahora comparte piso, confirma que la convivencia es tranquila: "Es muy calmado, no hay problemas en casa".
Cubarsí añade que ambos se turnan para cocinar y que, después de tantos años viviendo juntos, saben cómo hablar las cosas cuando algo les molesta. Una dinámica natural que refuerza la idea de que la familia es su refugio.
Gestos que explican una forma de ser
La vida personal del central está llena de detalles que revelan su personalidad y la relación que mantiene con los suyos.
Cuando obtuvo el carnet de conducir, decidió regalar un coche nuevo a sus padres. Él, en cambio, se quedó con el vehículo antiguo de la familia. Un gesto que habla de prioridades, humildad y agradecimiento.
En un partido del Barça disputado en París, Robert apareció en la grada con una pancarta enorme con la cara de su hijo. La imagen se hizo viral y el propio Pau la recuerda entre risas, aunque también con emoción.
El padre del jugador tiene una manera muy particular de celebrar los títulos que gana su hijo: se lanza al suelo de rodillas y se desliza, como si fuera un aficionado celebrando un gol en el último minuto. Una tradición que ya forma parte del imaginario familiar.
Humildad, trabajo y raíces
Cubarsí creció entre herramientas, serruchos y taladros en el negocio de carpintería que llevan su padre y su tío. Aunque nunca se ha dedicado plenamente al oficio, sí pasó veranos enteros "trasteando por allí, molestando más que ayudando", como él mismo admite. Ese ambiente de esfuerzo y dedicación marcó su carácter.
El central reconoce que esos valores son los que lo han llevado hasta donde está: "Mis padres han trabajado muy duro. Cuando ves ese esfuerzo, se convierte en una referencia". Gloria, su madre, no duda en corregirlo si detecta que se desvía del camino: "Si no practico la humildad, me cae una colleja", bromea.
Un chico que no quiere cambiar
Cubarsí insiste en que la fama no debe modificar quién es. En Girona, donde pasa más desapercibido, se camufla entre amigos "porque todos llevan el mismo peinado".
En casa, con Irene, mantiene rutinas sencillas. Y en el Barça, donde ya es titular indiscutible, sigue siendo el chico tímido que solo se suelta con la gente de confianza.
Una familia detrás
Más allá de su nivel descomunal, detrás del futbolista hay un chico que se siente acompañado, arropado y sostenido por los suyos. "Mi familia es lo más importante de mi vida", repite.
Y mientras él celebra un hito histórico, es fácil imaginar a Robert, Gloria e Irene en la grada, como siempre, listos para celebrar, quizá con un nuevo resbalón de rodillas, el próximo capítulo de una historia que ya es extraordinaria.