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El 'renacer' de Dani Martín, el niño prodigio de la cantera del Sporting que triunfa en Tenerife: "Lo pasé muy muy mal... y estoy disfrutando muchísimo"

Cuando los demonios alcanzan a los deportistas. "Lo pasé muy mal", admite Dani Martín (Gijón, 1998). La carrera de este niño prodigio no ha sido nada sencilla. En 2019, el Betis pagó al Sporting de Gijón casi cinco millones de euros en el fichaje de un crío, que a sus 20 años, era una de las grandes apariciones del fútbol nacional. Pero aquel chaval vio como sus sueños se truncaban. Le tocó vivir la peor cara del negocio: caer de golpe a los infiernos. Lesiones, encadenar suplencias meses, vivir casi al margen de la competición, dos descensos...

A sus 27 años y ya padre, Dani Martín ha recuperado la sonrisa en Tenerife. El guardameta gijonés ha sido clave en el ascenso del club chicharrero. Un momento feliz que da paso a una conversación profunda en la que aborda temas complejos y se atreve a romper el tabú de los deportistas. "En el Betis sufrí dos años y medio depresión", explica.

-Seguro que mucha gente pensó que ‘bajar’ a Primera RFEF era arriesgado y, en cambio, la apuesta por el Tenerife le ha salido de manera inmejorable.

-Pues sí. Hay quien pensó que bajar a Primera RFEF era un fracaso. Pero ir a un equipo como el Tenerife nunca es un fracaso ni nunca es un paso atrás. Hay clubes que están en Segunda División en una situación complicada, históricos de España y que pueden bajar perfectamente. Desde el primer momento, el Tenerife apostó por mí. Ya había tenido otra opción de venir a la isla. ¿Di un paso atrás? Sí, pero para coger carrerilla.

-Venía de unos años sufriendo mucho.

-Sí, de dos descensos. Veía que las cosas no me salían bien, que no estaba a mi mejor nivel, que podía dar más. Pero este año me lo tomé como un reto: quería volver a ser yo, disfrutar del fútbol. Y desde que llegué a la isla todo salió a pedir de boca: mi mujer estaba embarazada y he tenido a mi hija aquí, en Tenerife. Extrafutbolísticamente ha salido todo muy bien y me he encontrado muy contento con el grupo en el vestuario. Las cosas salieron bien de forma natural, sin forzarlas demasiado. Estoy disfrutando muchísimo. Me da un impulso para lo que viene.

-Hay un dato tremendo: ha encajado 20 goles en 34 partidos.

-Son datos, pero de un equipo. Cuando menos encajas, más opciones tienes de estar arriba; aunque también hay otros equipos, como el Racing de Santander, que encaja mucho, pero mete mucho. Estos datos dicen mucho de nuestro equipo, de cómo trabajamos, de la implicación que tienen todos en tareas defensivas. Es un dato que para un portero es bonito. Pero es más de grupo que de un portero.

-¿Cómo de importante ha sido Álvaro Cervera?

-Es el jefe (risas), el que manda y el que nos llevado a este gran éxito. Gestionar el grupo como lo hace y los números que ha conseguido es complicado. Habla del gran entrenador que es.

-¿Aprieta tanto o es solo esa fama?

-Sí, sí (risas). Parece que no, porque lo ves en rueda de prensa ‘tranquilito’. Pero aprieta mucho, es de los que le gusta la caña y le gusta entrenar fuerte. Los entrenamientos son espectaculares y con una intensidad brutal.

-Su carrera es llamativa. Un arranque meteórico que desemboca en un gran traspaso (5 millones al Betis) cuando era muy joven. Pero después esa progresión se trunca. ¿Llega uno a dudar?

-Muchas veces dudé de mí mismo. Al final veía que no era yo, que jugaba y no estaba cómodo. Pensaba demasiado en por qué no me salían las cosas. Este año todo lo que envolvió al fútbol y en mi vida personal me hicieron evitar esos pensamientos y me ayudaron a encontrar mi nivel. Pasé años complicados. Lo pasé mal. Parecía que todo lo que trabajaba no se veía reflejado. Me ha tocado al fin un año donde por fin recojo los resultados de estos años. Desde que salí del Sporting de Gijón trabajé mucho y parecía que no salía: pasé lesiones y situaciones muy complicadas. Pero ahora sale todo de cara. Hay que aprovechar la racha y seguir creciendo.

-¿Fue todo demasiado rápido y quizá difícil de soportar?

-Al final las situaciones son las que son y no puedes cambiar nada. Igual me habría ido mejor quedarme en el Sporting un año más jugando o salir a otro equipo a competir. Pero cuando tomé la decisión de salir a un Primera División como es el Betis, que es un club increíble y un gigante de España, lo hice pensando que todo iba a ir bien, que iría de cara. No pensaba que… al contrario. Aquel año fue complicado: era mi primer año fuera de casa, de Gijón, llega el covid… Se juntaron muchas cosas. Al final no te adaptas o tardas más de lo que me gustaría. Cuando ya estaba más adaptado y me sentía mejor, llegan las lesiones y me priva de todo. Con 20 años era difícil salir de casa y más con un traspaso de tanto dinero. Me puse mucha presión encima. Quería hacerlo lo mejor posible. Y no me salían las cosas. Ahora he encontrado mi lugar, pero estoy seguro que todo viene de allí.

-Era un chaval de 20 años y se ve en esa situación… Hablan siempre de la soledad de portero y a usted le tocó vivirla y sufrirla en primera persona.

-Fue todo muy duro. Los primeros años de suplencias era complicado. Veía que entrenaba como un animal y tenía nivel para jugar, pero llegaba el fin de semana y no jugaba. Al final llegaba un momento que pensaba: ¿para qué entreno fuerte si sé que no cuentan conmigo? Aguanté, aguanté y aguanté, pero hay un momento en el que sentía que no podía más. Es cuando pedí ayuda a un psicólogo deportivo. Estaba estancado.

-¿Cuándo pide ayuda?

-Esto es en Málaga. Empiezo jugando, sigo jugando, así veinte partidos seguidos. Pero de repente echan a José Alberto y me paso diez partidos sin jugar, con toda la gente encima. Todo viene de un partido que tuvimos la desgracia de perder 0-5 contra el Ibiza. Sinceramente ninguno estuvimos bien. Había que buscar un culpable tras una derrota así y se decidió que éramos José Alberto y yo. Cargamos con todo a la espalda. Él fue destituido y yo me pasé sin jugar diez partidos. Con la gente encima y demás. Ahí tuve que pedir ayuda. Me sentía desganado. Iba a entrenar y no iba al 100%. Perdí la ilusión de jugar a fútbol. Luego, es cierto, acabé la temporada bien y jugando. Me di cuenta de nuevo de que el fútbol era importante para mí. En el siguiente año vuelvo al Betis. Ahí intento salir. Veía que no iba a jugar con Claudio Bravo y Rui Silva y, además, con Pellegrini, que no contaba conmigo para nada. Yo le pedía salir y Pellegrini no me dejaba. Era una cosa de locos. Yo lo veía y decía: ¿por qué no me dejáis salir? Había partidos sin importancia donde Rui Silva y Claudio estaban tocados y ni así. Ponía a Rui tocado. Decía: ¿esto para qué? Ahí tuve que pedir de nuevo ayuda. Veía que esto era imposible, que el fútbol se me acababa. El psicólogo (Juanmi) me ayudó muchísimo. Empecé a ver las cosas desde otro lugar y desde otro pensamiento. A partir de ahí fue un crecimiento personal increíble. El año pasado todavía estuve con él, que tuve un año duro. Y me ayudó muchísimo.

-¿Llega a rozar la depresión?

-Sí. Somos personas privilegiadas. Por suerte no nos falta dinero, pero por desgracia me faltaba la salud mental y lo pasé mal. Lo pasé muy mal en el Betis y en el Málaga. Muy, muy mal. Realmente mal. En el Betis estuve dos años y medio con depresión y estuve allí tres. Fue realmente complicado.

-¿Pensó en tirar la toalla?

-Bueno… Te vienen pensamientos: me voy al Indus, me voy con mi padre, me pongo a trabajar o lo que sea. Pero luego iba a entrenar y veía que tenía nivel para esto y para más. Pero claro que piensas: ¿para qué estoy aquí lejos de mi familia sufriendo? Que el dinero y eso, sí… La gente solo se va al dinero, pero nosotros sufrimos mucho en otros temas, en no jugar, somos súper competitivos y no hacer nuestro trabajo genera mucha frustración.

-¿Se quedó con la ‘espinita’ de no volver al Sporting?

-Sí. Me habría gustado volver en algún momento, sobre todo en esos momentos duros.

-¿Llegó a existir la opción?

-Sí, pero no se concreta por muchos temas. El Betis no quería que saliese.

-¿Cuándo? ¿Cuándo llega Yáñez?

-No, antes. Estaban Pichu (Cuéllar) y Mariño. No recuerdo la temporada exactamente, pero no se pudo hacer. No sé mucho y no pregunté, pero sé que estuvieron hablando entre clubes. Pero la vida me llevó a otros caminos. Ahora estoy feliz. No pienso mucho en las opciones pasadas.

-¿Y le gustaría volver a vestir la camiseta del Sporting?

-Lógicamente, como sportinguista que soy, sería muy bonito, pero ahora solo pienso en Tenerife. La vida da mil vueltas, pero estoy muy bien aquí. El Sporting tiene la portería más que cubierta…

-Siempre tiene palabras de elogio para Rubén Yáñez.

-Es que se está viendo que es un porterazo. Lo sigo de hace tiempo y siempre da un nivel increíble.

Fuente original: www.sport.es →