Stephen “Kiki” Ramos firmó su primer contrato con Vélez: su cláusula millonaria
Stephen Oscar “Kiki” Ramos firmó este martes su primer contrato profesional con Vélez Sarsfield, semanas después de su debut en la selección argentina Sub 17, y se le estableció una cláusula de recisión de 12 millones de dólares. El delantero de la Sexta División quedó vinculado al club hasta el 31 de diciembre de 2028, en una jornada que marcó un nuevo paso en su recorrido por las categorías formativas de la institución.
“¡Vamos Kiki!“, escribieron desde la cuenta de Vélez en X para anunciar el acuerdo. Quien también estuvo presente en la ceremonia fue Fabián Berlanga, presidente de la institución. Además del posteo en redes, en la página web del Fortín publicaron un compendio con toda la trayectoria del jugador bajo el título “Kiki Ramos, primera firma”.
El juvenil nació en Puerto Príncipe, Haití, el 3 de abril de 2009 y llegó al país cuando tenía apenas unos meses de vida. Fue adoptado por una familia argentina después del terremoto que afectó a su país natal en 2010 y creció en Buenos Aires junto a sus hermanos y sus padres, Francisco y Astrid. lebandit.lat

La firma del contrato representa la continuidad de una historia que comenzó en la infancia. Desde su llegada a Vélez, “Kiki” atravesó las distintas etapas de formación del club y compartió plantel con jugadores que luego alcanzaron la máxima categoría. Ahora, su primer vínculo profesional establece una nueva etapa en ese recorrido.
En 2026, Ramos encontró un lugar de mayor protagonismo dentro de la sexta división, donde se consolidó como uno de los goleadores del conjunto de Liniers: según informó Vélez, es el máximo artillero del equipo, con 17 tantos en 23 partidos disputados durante la actual temporada.
Entre sus actuaciones más destacadas aparece el póker que convirtió frente a Atlético de Rafaela, en la goleada por 5-1 jugada en la Villa Olímpica. En esta línea, desde su debut en la novena división -la inicial-, anotó 30 goles en 68 encuentros.
“Kiki” es es diestro y sus cualidades lo fueron posicionando como un ágil y veloz extremo izquierdo. Sin embargo, en algunas ocasiones llegó a jugar como delantero de referencia. Mide 1,75 metros de alto y posee un porte que lo distingue de sus compañeros.

“Mi sueño siempre fue debutar en Vélez. Soy un jugador que busca el duelo y la velocidad. Tiro muchas diagonales y me gusta ir al espacio. No soy de ir a chocar, prefiero la gambeta”, expresó un par de meses previos a la firma de su contrato en diálogo con Pasión Fortinera sobre su estilo de juego.
Ese presente en Vélez también le permitió recibir una convocatoria a la Selección Argentina Sub 17. Durante este año, Diego Placente lo citó para integrar el combinado nacional. Ramos debutó con la camiseta albiceleste y el dorsal 22 frente a Ecuador, en un amistoso, y pocos días después marcó su primer gol para el seleccionado ante el mismo rival, en el estadio de Atlanta.
Actualmente, el delantero forma parte del proceso de preparación de la Selección Argentina Sub 17 rumbo a la Copa Mundial de la categoría, que se disputará en Qatar durante noviembre.
El coco del grupo, una prueba de nivel para el FC Cartagena
El caprichoso calendario de esta cruenta Primera RFEF ha querido que el FC Cartagena afronte su primera prueba del algodón del curso en el escenario más imponente de la categoría. La expedición albinegra se prepara estos días para poner rumbo a la capital del Ebro para batirse el cobre este domingo, a partir de las 20.30 horas, frente a un Real Zaragoza que ejerce, por presupuesto, historia y masa social, de auténtico ogro del grupo. Sin embargo, el choque encierra una lectura que va mucho más allá de la mística de pisar un feudo histórico de Primera División. Y es que el FC Cartagena encara este compromiso sabiendo que el próximo fin de semana le tocará descansar por obligación debido al aplazamiento del derbi ante el Real Murcia.
Ese inminente frenazo liguero eleva la trascendencia del duelo. En el seno del club y en el vestuario son plenamente conscientes de que irse a una semana sin fútbol oficial con el regusto amargo de una derrota, acumulado a los dos choques que ya lleva sin ganar, sería un golpe duro.
Perder en el Ibercaja Estadio -recinto donde esta temporada compiten los maños por las obras en La Romareda- no solo supondría ceder terreno en una tabla clasificatoria que no hace prisioneros, sino que obligaría a digerir el tropiezo durante quince largos días, un escenario propicio para que afloren las dudas. Por ello, rascar algo positivo en tierras aragonesas se antoja vital y lograr un triunfo valdría más de tres puntos.
No es ningún secreto que este primer tramo en el Grupo II está demostrando la extrema dificultad de la categoría. Cualquier desconexión se paga carísima y se han visto resultados sorprendentes en solo tres jornadas. El Cartagena ha mostrado mimbres de equipo sólido, pero la regularidad es la única moneda de cambio válida para aspirar al salto al fútbol profesional. Ahora toca refrendar ese crecimiento ante el verdadero 'coco'. El conjunto zaragocista habita en esta división como un gigante enjaulado, sometido a la presión asfixiante de una grada que no concibe otro desenlace que no sea el ascenso por la vía rápida.
Apuesta por la posesión
El Zaragoza es un equipo concebido para monopolizar la posesión y llevar la iniciativa. Sus fases sin balón están siendo escasas en este arranque de liga, pero cuando les toca abrigarse, apuestan por adelantar líneas e intentar morder en una presión alta bajo un esquema de 4-4-2. Si el rival logra sortear esa primera línea de hostigamiento, los aragoneses no sufren grandes cortocircuitos al replegarse hacia un bloque medio, manteniendo el mismo dibujo táctico a la espera de recuperar el esférico.
Pero donde realmente reside la complejidad de este Zaragoza es en su fase ofensiva, caracterizada por un despliegue de movilidad constante que exige máxima concentración. El comportamiento de los locales por las bandas es asimétrico y depende enteramente de las piezas que disponga su técnico sobre el verde. En la parcela izquierda, el libreto cambia radicalmente según quién ocupe el lateral; si es Escudero, el equipo gana un hombre más por dentro para nutrir la sala de máquinas, mientras que si actúa Pereira, la imprevisibilidad es la norma, alternando incorporaciones por el carril exterior con rupturas interiores, tejiendo una sociedad letal con Vadillo, que es quien viene adueñándose de ese extremo zurdo.
Esa flexibilidad contrasta con la banda derecha, donde Gabilondo tiene la orden estricta de percutir siempre pegado a la cal, ofreciendo amplitud, mientras que opciones como Sangalli mezclan trayectorias por fuera y por dentro. Todo este ecosistema de desmarques cruzados tiene un beneficiario principal: Jaume Jardí se ha erigido en el futbolista más desequilibrante del plantel maño, convirtiéndose en la principal amenaza que la zaga cartagenera deberá neutralizar.
La sala de máquinas aragonesa tampoco se queda atrás en dinamismo. Su doble pivote es indetectable, alternando momentos en los que se hunden entre los centrales para oxigenar la salida de balón, con fases en las que se asientan firmemente en la base de la jugada. Por delante de ellos, actuando en la mediapunta, aparece la figura de Pau Sanz. Acostumbrado a jugar como referencia ofensiva o extremo, aquí explota su versión más vertical, buscando recibir a la espalda de los mediocentros rivales para girarse velozmente y encarar el área. En punta de lanza les espera Joaquín Delgado, un ariete que, si bien no ha estado afortunado de cara a puerta en los tres primeros envites del curso, mantiene intacto su peligro constante.
A pesar de esta apabullante vocación ofensiva, el Cartagena sabe perfectamente dónde está la grieta del gigante. La necesidad visceral de dominar y acumular hombres en campo contrario deja a los centrales del Zaragoza vendidos en las transiciones. Ya quedó patente en su reciente enfrentamiento ante el Nàstic, donde, a pesar de exhibir una gran fluidez con la pelota y generar un caudal ofensivo inmenso, evidenciaron una preocupante fragilidad defensiva al perder el balón. Ahí es donde el conjunto de Vélez debe ser un bloque de hielo: aguantar el chaparrón con orden y castigar sin piedad los espacios a la espalda de la zaga local.
Buenos recuerdos
Aunque el Cartagena no jugará ante el Zaragoza en la Romareda, las visitas al conjunto zaragocísta traen recuerdos de todo tipo para los intereses albinegros. Echando un vistazo a la hemeroteca de sus últimos cruces en Segunda División, el historial reciente refleja una enorme igualdad. Los precedentes negativos pasan por el último enfrentamiento, que acabó con un ajustado 3-2 para el Real Zaragoza en el año 2025. Aquel partido, disputado hace año y medio, siempre será recordado por el susto de la expedición cartagenera, que sufrió un aparatoso accidente de autobús sin consecuencias en su viaje de vuelta. Además de la derrota por 2-0 en 2023. A pesar de estos tropiezos, la afición mantiene intacta la ilusión gracias a dos grandes alegrías: la victoria por 0-1 en el año 2021 y el triunfo por 1-2 en 2024. Estos dos precedentes demuestran que ganar este domingo es un objetivo realista. En total, el balance en el coliseo maño no podría estar más equilibrado: dos victorias locales, un empate, el 0-0 en abril de 2021, y dos triunfos visitantes.
Ilusión y hambre de títulos en el Barça: "Este escudo y esta camiseta tienen una responsabilidad"
España quiere acabar con uno de los mayores problemas del coche eléctrico: encontrar un cargador cuando se necesite
Una de las principales dudas a las que se enfrentan los conductores que quieren dar el salto al coche eléctrico es el poder viajar sin estar pendiente o sufrir por encontrar dónde recargarlo. Y con una red que ha crecido a pasos agigantadosy que ya cuenta con 42.000 puntos de carga públicos según las últimas informaciones del Gobierno de España, este interrogante parece no tener sentido.
Diomande se libera con su primera asistencia en el Real Madrid
Yan Diomande necesitaba una noche así. El marfileño afrontaba el partido ante el Elche después de un inicio de temporada en el que le había costado encontrar su sitio en el Real Madrid. La competencia en ataque es máxima y, con jugadores como Mbappé, Vinicius, Bellingham o Güler, cada oportunidad para demostrar su valía adquiere todavía más importancia.
Ante el conjunto ilicitano, Diomande recibió la confianza de Mourinho, disputó los 90 minutos y respondió con una actuación mucho más completa. No solo se mostró activo en ataque, buscando constantemente el uno contra uno y tratando de generar peligro desde la banda derecha, sino que también tuvo una importante aportación en defensa, ayudando a Trent Alexander-Arnold durante buena parte del encuentro.
La asistencia que necesitaba
Y fue precisamente desde esa posición desde la que llegó su gran momento de la noche. En el minuto 33, Diomande recibió en la derecha, levantó la cabeza y puso un pase raso al área que Mbappé convirtió en el 0-2. Era su primera asistencia como jugador del Real Madrid y la celebró con una enorme efusividad, cerrando los puños y mirando al cielo, en un gesto que reflejó el alivio de un futbolista que necesitaba una acción así.
La jugada llegó después de unos primeros minutos en los que ya había dejado muestras de su actividad. En el arranque de la segunda parte volvió a protagonizar una acción individual en la que encaró, reencaró y terminó centrando al segundo palo, aunque el envío se marchó demasiado fuerte. Su participación ofensiva no fue, por tanto, puntual, sino una constante durante buena parte del encuentro.
Además, Diomande destacó en una faceta que quizá no había sido tan visible en sus primeras apariciones. Su trabajo defensivo fue importante, especialmente para echar una mano a Trent en el costado derecho. El Elche cargó buena parte de sus ataques por la izquierda y el marfileño tuvo que multiplicarse para ayudar al lateral inglés.
Una respuesta a la competencia con Güler
La actuación de Diomande adquiere todavía más valor teniendo en cuenta el contexto en el que llegaba al partido. Antes de visitar al Elche, el marfileño apenas había disputado 171 minutos repartidos en seis encuentros, cinco de ellos entrando desde el banquillo, y todavía no había participado directamente en ningún gol del Real Madrid.
Mientras tanto, Arda Güler había ido ganando peso en los últimos partidos. El turco ya había demostrado su capacidad para generar fútbol y, ante el Rayo, su entrada desde el banquillo cambió el encuentro, asistiendo a Mbappé. La aparición de Güler como extremo derecho aumentaba todavía más la competencia para Diomande, que necesitaba aprovechar cada oportunidad para demostrar que el Real Madrid había apostado por él por una razón.
El primer paso para liberarse
La llegada de Diomande al Real Madrid estuvo acompañada de unas expectativas enormes. La operación puede alcanzar los 140 millones de euros, una inversión que aumenta inevitablemente la exigencia sobre el futbolista. Cada partido y cada oportunidad sirven para valorar si el marfileño está preparado para responder a esa presión.
Su primera asistencia no resuelve todas las dudas ni cambia de golpe su situación dentro de la plantilla, pero sí puede representar un punto de inflexión. Después de varias apariciones en las que había mostrado detalles sin conseguir traducirlos en números, ante el Elche encontró finalmente una acción decisiva.
Y su celebración resumió perfectamente lo que significaba para él. Cerró los puños y miró al cielo, liberando toda la tensión acumulada después de unas primeras semanas en las que había tenido que esperar su oportunidad. Diomande necesitaba una actuación así y, en Elche, dio un primer paso para empezar a liberarse y reivindicar su sitio en el Real Madrid.
