El Barça, atento a la decisión del campeón Jorge Salinas
La ilusión no pregunta quién juega mejor: Argentina siempre encuentra una figura que la salva y mantiene vivo el sueño mundialista
KANSAS CITY (Enviado especial). A esta altura, la ilusión ya no pregunta quién jugó mejor. El Arrowhead Stadium se sacude con el rugido de los más de 40.000 hinchas argentinos que sienten que el sueño está más vivo que nunca. Hay jugadores que se dejan caer sobre el césped, otros rompen en llanto y varios levantan la vista al cielo antes de fundirse en un abrazo eterno. Messi camina unos pasos con los brazos abiertos hasta quedar otra vez en el centro de una montaña celeste y blanca. No es un festejo cualquiera. Es el desahogo de un equipo que volvió a sufrir hasta el final y que recién encontró alivio con un derechazo inolvidable de Julián Alvarez en el alargue. El campeón que nunca se da por vencido lo hizo otra vez. Sin mostrar su mejor fútbol, sin ideas, con angustia y con una hinchada que acompañó hasta el último segundo para seguir soñando una vez más. El próximo desafío será Inglaterra, un equipo fuerte que dejó en el camino a Noruega con autoridad. La selección jugó otra vez un partido discreto, muy por debajo de sus posibilidades. Pero ganó. Y está nuevamente entre los cuatro mejores del Mundial. musojam.blog
La euforia por el pase a las semifinales tampoco alcanza para ocultar otra actuación deslucida de Argentina. En el primer tiempo convirtió en su único remate al arco y luego se dedicó a controlar el trámite con oficio, renunciando muchas veces a la tenencia, sin grandes sobresaltos, aunque sin terminar de sentirse seguro. En un partido de vuelo bajo, la pelota parada volvió a ser un arma letal del equipo de Lionel Scaloni: el cabezazo de Alexis Mac Allister, tras un tiro de esquina de Lionel Messi, fue el quinto gol que consigue por esa vía.
El 1-0 destrabó a Argentina después de un inicio sin fluidez, presionada por Suiza en la salida y sufriendo a la espalda de Nahuel Molina, otra vez de flojo partido. Lejos del fútbol avasallante del final contra Egipto, que había encendido la esperanza de ver una versión mejor del equipo, la apuesta fueron los envíos largos para Messi y Julián Alvarez, que partían sobre la misma línea de los defensores para explotar los espacios. El gol pareció inyectarle otro ánimo a Argentina, pero apenas alcanzó para un puñado de pinceladas de Messi que levantaron al público antes del cooling break. Fue apenas un rato. Después volvió la misma Argentina lenta y sin sorpresa, sostenida casi exclusivamente por el gol.
Tras la pausa, el partido volvió a parecerse al del comienzo. Argentina, a la que en los dos partidos anteriores le habían llegado con demasiada facilidad, fue más intensa para recuperar la pelota, pero mucho menos creativa cuando la tuvo. Una idea que se vio pocas veces en el ciclo de Scaloni: bajar el ritmo del partido, demorar el juego, dejar que pasaran los minutos y casi prescindir de Messi, muy aislado y poco participativo.
Con Enzo Fernández otra vez lejos de gravitar, con De Paul más importante para provocar infracciones en salida que para generar fútbol y con los delanteros desconectados, más allá del enorme sacrificio de Julián para presionar arriba y forzar recuperaciones en campo contrario, el partido cayó en un pozo. Argentina abusó de ese planteo conservador y le cedió demasiado protagonismo a Suiza, que intentó sorprender con pases profundos, sobre todo para Breel Embolo, que complicaba con su potencia física.
La selección mostraba desacoples en defensa, aunque casi siempre aparecían Cristian Romero y Lisandro Martínez para interceptar los pases o cubrir las salidas de Dibu, que después se convertiría en figura. Al término del primer tiempo, la estadística marcó que Argentina había tenido apenas el 40% de posesión, su registro más bajo en el Mundial, aunque los dos terminaron con un solo remate al arco.
La segunda etapa profundizó las dificultades de Argentina, que tampoco logró imponerse pese a jugar la mitad de ese período con un hombre de más, y que recién logró arrinconar a Suiza en el tiempo de descuento. Ante un rival que nunca había estado abajo en el marcador entre las eliminatorias y el Mundial, la selección pagó caro su plan y sufrió para sostener el triunfo. Suiza empezó a llegar cada vez más al área, encontró espacios por las bandas y también probó desde media distancia, ante una Argentina que no encontraba respuestas y parecía ignorar las señales del partido. Emiliano Martínez respondió con una seguidilla de atajadas que mostraron su mejor versión en la Copa, aunque no alcanzó para evitar el empate.
La selección tampoco supo aprovechar la superioridad numérica, y menos todavía que el expulsado fuera justamente Embolo, el más peligroso de Suiza. Los europeos pasaron a defenderse con cinco hombres, aunque sin retrasarse demasiado y tratando de mantener a Argentina lejos de su arco, algo que consiguieron hasta los últimos minutos, cuando Argentina los empujó contra su área más por inercia que por juego.
Scaloni demoró en romper el molde y recién sobre el cierre del tiempo reglamentario mandó a la cancha a Nicolás González y Lautaro Martínez para sumar desequilibrio por afuera y mayor presencia en el área. En ese tramo, generó más que en todo el partido: un cabezazo desviado de Alexis, un remate de Messi desde afuera y una tijera de Lisandro Martínez bien contenida por el arquero.
Argentina terminó el alargue con triple nueve -Lautaro, Julián y José López-, más Messi, Thiago Almada y González, con los once metidos en campo rival, moviendo la pelota de un lado al otro hasta encontrar un espacio. Lo buscó, insistió y al fin lo encontró con el bombazo de Julián Alvarez, que volvió a demostrar que, aun en sus peores noches, Argentina siempre tiene una figura capaz de salvarla. El 3-1 de Lautaro le dio otro lustre a una victoria tan sufrida como necesaria para que esta generación siguiera escribiendo su historia.
La imagen del final, con los hinchas revoleando las camisetas en las tribunas y los jugadores festejando de cara a la gente, vuelve a resumir el espíritu de esta selección: un equipo que parece poder con todo, que todavía tiene mucho por mejorar, pero que sigue aferrado al sueño de ser campeón.
‘Vamos por todo’, dice Julián Álvarez tras el triunfo
Respecto al próximo rival en semifinales, Álvarez anticipó que frente a Inglaterra «será un partido difícil. Es un gran equipo», dijo.
«Hoy se pusieron las cosas difíciles, más allá de que teníamos uno más, pero sabíamos que el gol iba a llegar», afirmó.
En zona mixta, Julián Álvarez comentó: «Muy orgulloso de estar entre los cuatro mejores, Inglaterra sabemos que tiene unos jugadores impresionantes, que es una gran selección, que lo está haciendo muy bien, pero nosotros a recuperar, a preparar lo nuestro».
«Muy contento obviamente lo personal por el gol. Después de todos los partidos del Mundial estamos viendo que son así, mucho tiempo extra, se está dando así, pero sabemos que nosotros luchamos hasta el final, dejamos todo. Estamos haciendo los goles sobre el final, pero mientras ganamos es todo positivo», añadió.
«Como delantero es importante (marcar). Personalmente siento que vengo de menos a más, esperemos que ahora sobre el final sea mejor aún todavía, pero lo importante es que el equipo gane. Como delantero uno quiere ayudar a hacer goles, pero también toca correr, toca defender, lo hacemos todos juntos, así que mientras el equipo gane estamos todos felices», concluyó.
(12/07/2026)
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Laminedependencia
Es España un imán para los cenizos. No son mayoritarios, pero sí hacen mucho ruido. Hay que recordarlo hasta el martes todas las veces que haga falta: es la segunda vez en la historia que la selección está en unas semifinales. Y sí, hay que hacer propias las palabras de Lamine tras derrotar a Bélgica: “Si a alguien debe temer Francia es a nosotros”. A partir de ahí, todo lo demás. Lejos de la autocomplacencia, pero muy conscientes de que las virtudes del equipo de Luis de la Fuente son más que válidas para ganar el Mundial por delante de cualquiera, sea cual sea su favoritismo.
Un ejercicio coral
La Lamine-dependencia que se planteaba al principio de la aventura norteamericana ya no existe y es algo que celebrar. España es un ejercicio coral en el que han surgido héroes de última hora como Merino que salen para reemplazar a los que siempre son puntuales, como Olmo.
La parcela que acumulaba más sospechas es hoy la envidia del resto. El eje Laporte-Cubarsí constituye una dupla fortísima que construye y destruye. Es más, si hubiera que dar un nombre propio en este conjunto es el del central del Athletic. Por él empieza todo. Con el blaugrana la curva del progreso no tiene fin. Sin el arrojo de un disparo lejano que solo él vio no habría existido el rechace bendito que Merino convirtió en gol.
Fíjense en lo que puede condicionar un jugador como Lamine que, incluso sin sumar los goles y las asistencias que querría en lo que va de Mundial, hace que todo dependa de él. Alguno piensa que existe una conspiración para darle los MVP, cuando no son más que una muestra de marketing aceptada por los actores de la industria.
Los que cuestionan a la estrella del Barça y de la selección habría que preguntarles por una alternativa para su posición. Si España se construye por los extremos es gracias a la explosión de un jugador sobrenatural que se asocia como pocos. Lo demostró en el primer gol de Fabián tras una alianza con Porro que está siendo crítica. Siempre tiene dos o tres rivales encima, lo que le obliga a jugadas inverosímiles que muchas veces acaban con una entrada o un freno brusco a sus intenciones. Para entonces, el dibujo del rival ya se ha descompuesto.
El desafío de Francia
Este Lamine regatea más que el de la Eurocopa y genera más para sus compañeros. La mayor participación también aumenta el volumen de los fallos. Y todo ello después de una lesión que le hizo conocer un cuerpo en desarrollo. Por supuesto que se le tiene que exigir como la estrella que es. Ahora bien, como se esmera en explicar De la Fuente, el fútbol hay que verlo más allá del balón y entender que Lamine juega cada eliminatoria como si fuera el partido de su vida.
Por eso a algunos les parece arrogante esa filosofía de no torcer la mirada frente a los Mbappé o Bellingham, que han acumulado unos guarismos que hacen más fáciles los análisis. El gran valor del jugador del Barça está en su voluntad de ir siempre hacia adelante. Justo al revés de los que le pasan facturas por el siempre hecho de ser él. Los que si le ven marcar contra Francia dirán que ya era hora.
Los mismos que le esperan con un cuchillo a la vuelta de la esquina de un Mundial donde los tiene pendientes a todos. También a los que nos subimos a su lomo después de que vinieran todos los miedos frente a Cabo Verde. ¿Quién estuvo ahí contra Arabia? Lamine, con su sonrisa afilada frente a los que ahora sacan pecho de una merecidísima semifinal en la que solo creyeron tras la remontada. El resultadismo más oportunista. Aun así, sean bienvenidos al viaje hacia la segunda estrella.
¿Cuándo se juega la final del Mundial 2026? Fecha, horario y dónde ver gratis por TV y en directo
El Mundial 2026 avanza en firme hacia su esperado desenlace. El elenco de 48 participantes que se dio cita en Estados Unidos, México y Canadá con el sueño de conquistar la Copa del Mundo se ha visto reducido a 4, que en los próximos días se jugarán los dos billetes en juego hacia la gran final del MetLife Stadium de Nueva Jersey.
Una vez conocida la identidad de los cuatro semifinalistas, ya solo queda esperar a que se abra el telón de la última ronda de la cita mundialista. Esta dará el pistoletazo de salida el próximo martes 14 de julio a las 21:00 horas (CEST) con la disputa del España-Francia, mientras que apenas 24 horas después se conocerá la identidad del segundo semifinalista.
España, que alcanza las semifinales por primera vez en 2010 y tercera en la historia, se enfrenta al mayor reto en lo que llevamos de torneo al medir sus fuerzas ante la temible Francia. 'La Roja' intentaré hacer valer su condición de mejor defensora del torneo para frenar al demoledor ataque formado por Mbappé, Dembélé, Doue y Olise y situarse a un solo paso de la gran final.
¿Cuándo es la final del Mundial 2026?
La final del Mundial 2026 se disputará el próximo domingo 19 de julio a las 21:00 horas (CEST), 15:00 hora local. El partido por el título se celebrará en el MetLife Stadium de Nueva Jersey, con capacidad para 82.500 espectadores.
¿Dónde ver la final del Mundial 2026 gratis por TV y en directo?
En España, la final del Mundial 2026 se podrá ver en abierto por TV a través de La 1, La 2 Cat y online en RTVE Play.
Otra opción alternativa es la plataforma de pago DAZN, que adquirió los derechos de la competición y ha emitido los 104 partidos de fase de grupos y las rondas eliminatorias a través de la app y sus diferentes canales.
Desde SPORT, te contamos todo lo que suceda en la final del Mundial 2026 a través de nuestra narración en directo, así como la crónica, las mejores declaraciones y la última hora del encuentro de la mano de nuestro enviado especial.
