‘I had no love for myself … now I have peace’: former Ireland rugby player Ryan Caldwell’s journey back from the edge
The retired second-row on his recovery from addiction, depression and incarceration to find a new life as a meditation teacher
“Carefree,” says Ryan Caldwell when I ask him what word is tattooed across his fingers. He looks up from his hands on a rainy morning in Belfast. The former Ireland international, who played the role of enforcer for Ulster, Bath and Exeter, then laughs softly in acknowledgment of that incongruous word. newsindata.com
We have spoken for almost two hours about a wide range of dark and heavy subjects – from his addiction issues and imprisonment to his injury-riddled rugby career and the last big concussion that ended his playing days and sent him plunging into a deeper spiral of suicidal depression.
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El interminable hilo goleador de Aubameyang
La extravagancia siempre está ahí. El chico que un día salió a calentar con unas botas que llevaban 4.000 incrustaciones de cristal Swarowski es ahora un veterano que pasea por A Coruña con un Ferrari tuneado de color entre granate y plateado que se valora en un precio de más del millón de euros y del que solo hay siete unidades en el mundo. La gente está encantada, quizás porque en la ciudad siempre gustaron los futbolistas que se movían por ella como celebridades. Y es, más que un síntoma, la constatación de que A Coruña y su Deportivo, que hace poco más de dos años competía en campos de la tercera categoría del país, han regresado al mapa futbolístico. Ahí le sitúa su inopinada nueva estrella, Pierre-Emerick Aubameyang, un refuerzo que este verano arqueó alguna ceja porque 37 años y tanta excentricidad invitaban a alguna sospecha. Todo se ha disipado después de tres golazos en tres partidos que sirven para que el deportivismo saluda a su nuevo ídolo, afincado en un hotel de cinco estrellas desde el que tiene acceso a uno de los complejos deportivos históricos de A Coruña. Allí se le ha visto jugar alguna pachanga con los adolescentes que lo frecuentan. “Un dos nosos (uno de los nuestros)”, zanjan los veteranos del lugar.
